Experiencia Cass y Lola de prácticas en L’Arche (Nyahururu)
Somos Cass y Lola, estudiantes del Grado Superior de Integración Social, y hemos realizado nuestras prácticas en L’Arche Kenya, una organización ubicada en Nyahururu que trabaja por la inclusión de personas con discapacidad intelectual a través de la convivencia, el acompañamiento y las relaciones mutuas entre personas con y sin discapacidad.
El inicio de esta experiencia llegó con una mezcla de ilusión e incertidumbre al dejar atrás lo desconocido para adentrarnos en una realidad completamente distinta, rodeados desde el primer momento por una naturaleza exuberante y viva que lo envolvía todo, haciéndonos sentir pequeños dentro de algo mucho más grande. Sabíamos que no sería un viaje cualquiera, pero no imaginábamos hasta qué punto acabaría cambiándonos a cada uno de nosotros desde nuestra propia vivencia, a través de una experiencia compartida, pero muy diferente a la vez.
Lola:
Nada más llegar, Mercy nos recibió con una calidez que hizo que todo fuese más fácil desde el principio. Poco a poco fui sintiéndome parte de la comunidad, acompañada siempre por personas como Sharlet, que estuvo ahí en todo momento para ayudarnos, acogernos, escucharnos y comprendernos. Fue una experiencia tan grata que acabé la experiencia sintiendo que no quería marcharme, que quería quedarme allí y seguir formando parte de todo aquello.
Durante estos meses hemos tenido la oportunidad de conocer de cerca todos los programas: visitas a hogares en situaciones de extrema vulnerabilidad, a personas con problemas de salud mental, a niños, escuelas y orfanatos. Cada realidad ha sido un aprendizaje constante, una mezcla de emociones que te remueve por dentro y te hace ver la vida con otra perspectiva. Además, tuve la oportunidad de compartir tiempo con jóvenes de allí, lo que me permitió conocer una forma muy distinta de vivir la juventud en un contexto tan diferente, intentando comprender su cultura, su manera de pensar y su forma de entender la vida.
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Nuestro día a día también estaba lleno de pequeños momentos que lo hacían todo especial: recorridos por carreteras donde podías encontrarte desde cabras y vacas hasta cebras, caminatas de sensibilización, reuniones de equipo donde compartir y aprender juntos, o incluso aprender a cocinar chapati, descubriendo que lo más simple muchas veces es lo más valioso. Todo ello me permitió adentrarme aún más en su forma de vivir, entender sus ritmos y conectar de una manera mucho más profunda con el entorno y las personas.
También hubo espacio para descubrir otros lugares como Nairobi o Mombasa, donde pudimos combinar nuestra experiencia con momentos de desconexión, convivencia y disfrute, y visitas a lugares tan impresionantes como las Thomson Falls, que nos recordaban constantemente la grandeza de todo lo que nos rodeaba.
Pero, sin duda, donde más he crecido ha sido en el taller de granja, al que he dedicado mi último mes y medio. Allí he trabajado de forma individual con un usuario que se encontraba en una situación muy complicada, adaptando tareas a sus necesidades y creando soportes visuales tanto para el taller como para las oficinas. Y si algo me llevo especialmente de esta parte de la experiencia es haber conseguido demostrar algo muy importante: que es totalmente posible incluir a esta persona en la comunidad y trabajar con ella de forma significativa. Al principio se consideraba que no era posible, pero poco a poco hemos visto lo contrario. Y para mí, ese ha sido el mayor logro de toda esta experiencia. Porque si algo define la labor de una integradora social, es precisamente esto: creer en la inclusión incluso cuando otros no la ven posible, y hacerla realidad.
Además, he tenido la oportunidad de visitar otras comunidades, como Rumuruti, lo que me ha permitido ampliar aún más mi mirada y entender la diversidad de realidades que existen dentro de un mismo contexto.
Uno de los aprendizajes más importantes que me llevo es haber entendido que esta relación no es solo en una dirección. Las personas usuarias necesitan a la entidad y a todas las personas que forman parte de ella, pero al mismo tiempo, nosotros también las necesitamos a ellas. En mi caso, siento que han sido ellas las que me han ayudado a mí, las que me han hecho crecer y convertirme en una mejor persona. Me han enseñado a mirar la vida de otra manera, a tener más paciencia y a valorar lo verdaderamente importante.
Más allá de todo lo vivido, me llevo la calidez, la generosidad y la bondad de las personas, capaces de darte todo sin tener casi nada. También me llevo el ritmo de vida: días tranquilos, lentos y conscientes, en los que todo se hace con calma y presencia, valorando cada momento. Allí entendí que no todo tiene que ir rápido ni centrarse en producir o terminar cuanto antes, sino que muchas veces lo importante es simplemente estar.
Me voy con el corazón lleno y con la seguridad de que esto ha sido un antes y un después en mi vida. No solo por lo que he visto, sino por lo que ahora soy. Espero volver pronto.
Cass:
Mi experiencia de Erasmus en Kenia ha sido una etapa muy importante tanto a nivel personal como profesional. Durante mi estancia en L’Arche Kenya, en Nyahururu, he tenido la oportunidad de convivir y trabajar con personas adultas con discapacidad, participando en actividades y talleres orientados a mejorar su autonomía, su participación y su calidad de vida.
Antes de llegar tenía muchas expectativas, pero también bastantes dudas. Sabía que iba a encontrarme con una realidad diferente a la que conocía en España, no solo por el ámbito laboral, sino también por la cultura, las costumbres, la forma de organizarse y el ritmo de vida. Desde el principio entendí que no podía llegar comparándolo todo con lo que ya conocía, sino que tenía que observar, escuchar y adaptarme poco a poco.
A nivel personal, no todo fue fácil desde el primer día. Me costó adaptarme a la gastronomía, a la rutina diaria y a una forma de vida distinta. También hubo momentos en los que sentí soledad, especialmente al estar lejos de mi entorno habitual, de mi familia y de mis amigos. Sin embargo, con el tiempo entendí que todo eso también formaba parte del proceso. Adaptarse a otro país no es algo que ocurra de un día para otro; requiere paciencia, apertura y aceptar que al principio algunas cosas pueden resultar incómodas. Precisamente por eso, esta experiencia me ha ayudado a conocerme mejor, a ser más independiente y a desarrollar una mayor capacidad de adaptación.
En el ámbito profesional, mi experiencia en L’Arche Kenya ha sido muy enriquecedora. He podido aprender mucho sobre el trabajo directo con personas con discapacidad, especialmente en lo relacionado con el acompañamiento, la autonomía personal y la importancia de respetar los ritmos de cada persona. Me di cuenta de que la intervención social no consiste únicamente en organizar actividades, sino en crear vínculos, observar las necesidades reales y ofrecer apoyos que ayuden a cada persona a avanzar desde sus propias capacidades.
Durante mi estancia participé en diferentes talleres y actividades con personas adultas con discapacidad. Estos espacios estaban pensados para fomentar la autonomía, la participación y el desarrollo de habilidades útiles para la vida diaria. En ellos pude colaborar en la preparación, el desarrollo y el seguimiento de las actividades, observando cómo respondía cada persona y qué apoyos necesitaba. Esta parte me ayudó a entender que en la integración social los avances no siempre son grandes ni inmediatos, pero muchas veces los pequeños progresos son los más importantes.
Además, a nivel laboral me he sentido muy productivo, porque mi aprendizaje no se ha limitado solo al papel de integrador social. También he podido colaborar en tareas más burocráticas y organizativas, como la elaboración de informes, el análisis de datos y el apoyo en documentos internos. Esto me ha permitido conocer la organización desde diferentes niveles: desde el trabajo más directo con las personas hasta aspectos más administrativos y de gestión. Siento que he podido aprender desde lo más básico del día a día hasta una visión más amplia de cómo funciona una organización de este estilo.
Esta combinación de trabajo directo y tareas de organización me ha parecido especialmente valiosa. Por un lado, he podido estar cerca de las personas, compartir rutinas con ellas y entender mejor sus necesidades. Por otro lado, también he visto la importancia que tienen los informes, la planificación, la recogida de información y el análisis de datos para que una entidad pueda mejorar su trabajo y tomar mejores decisiones. Antes quizás no era tan consciente de todo lo que hay detrás de una organización social, pero esta experiencia me ha ayudado a verlo con mucha más claridad.
También he aprendido que la inclusión no depende únicamente de los recursos disponibles, sino también de la actitud con la que se acompaña a las personas. En L’Arche Kenya he visto la importancia de la paciencia, la constancia y el trato cercano. A veces, una pequeña mejora en la participación de una persona o un momento de confianza compartido pueden tener mucho valor. Esta experiencia me ha recordado que trabajar en el ámbito social exige implicación, sensibilidad y una mirada centrada en las capacidades de cada persona, no solo en sus dificultades.
En definitiva, mi experiencia Erasmus ha sido un proceso de aprendizaje completo. Me ha permitido crecer como futuro Técnico Superior en Integración Social, pero también como persona. He vivido momentos muy positivos y otros más difíciles, pero todos han formado parte del mismo proceso de adaptación y aprendizaje. Me llevo una visión mucho más realista y amplia del trabajo social, una mayor capacidad para adaptarme a contextos diferentes y la satisfacción de haber podido aportar tanto en el trabajo directo como en otras tareas importantes para la organización.
Esta movilidad me ha confirmado que quiero seguir formándome y trabajando en el ámbito social, con una mirada más humana, más práctica y consciente de la realidad de las personas y de las entidades que las acompañan.
Somos tu centro de Formación Profesional de Sevilla y te ofrecemos «La Oportunidad de Superarte». Desde sus inicios en el año 1902, la función de la Fundación consiste en facilitar la integración social y permitir que todas las personas tengan las mismas oportunidades, especialmente los más desfavorecidos.










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