Experiencia de Profesores Fran y Ricardo en Richmond
Llegamos a Richmond en los dos días más calurosos del año hasta la fecha, dicho por los lugareños. La alta humedad hacía que el aire fuese espeso. El contraste entre interiores fríos y acondicionados y la calle era monstruoso. Abrir la puerta de cualquier edificio para salir a la calle se convertía en entrar en un horno, abrir la puerta de cualquier edificio para entrar al mismo se asemejaba en entrar a un congelador. Las gargantas sufrieron, algunos cayeron enfermos, pero habíamos ido a intentar conocer la ciudad y sus instituciones para intentar enviar allí a alumnos de Erasmus+, así que había que caminar por la calle y entrar y conocer lugares y personas, cuantas más mejor.
Richmond, en Virginia, es una ciudad eminentemente universitaria. El sistema universitario estadounidense es mayormente privado, pero la universidad que habíamos ido a ver no lo es completamente, ni tampoco de las más caras. Se trata de la VCU (Virginia Commonwealth University) una universidad que permea la ciudad zona por zona, casi manzana por manzana. Raro es el block que no tiene un edificio de la VCU intercalado entre casitas y bloques de apartamentos.
Acostumbrados como estamos en Europa a unos campus universitarios encerrados en sí mismos y/o en las afueras de la ciudad, la VCU de Richmond sorprende por formar parte intrínseca del centro de la ciudad. Las calles del campus son calles de la ciudad y viceversa, la policía del campus funciona a veces como policía de la ciudad y viceversa. Los bares, restaurantes y tiendas de regalos de la VCU funcionan como establecimientos de la ciudad y viceversa. Pasear por la VCU es pasear por parte de Richmond, la parte más bonita debo añadir. Fuera de la VCU, Richmond de vulgariza un poco, se convierte un poquito en una ciudad más normal, pero dentro de la VCU, los paseos, cafés, desayunos y vistas se entrelazan indefectiblemente con la vida universitaria.
Visitamos Richmond en época de vacaciones y aún así se sentía el espíritu estudiantil por cada rincón. En cursos de verano; en residencias de estudiantes semivacías, pero con algunos estudiantes yendo, viniendo, cocinando y lavando su ropa; o en días de visita donde algunos estudiantes acuden con sus familias para visitar las instalaciones antes de tomar la decisión definitiva de dónde estudiar. También tiene algo de mágico visitar todas estas instalaciones cuando no están siendo usadas, deja a la imaginación el hecho de llenarlas de estudiantes comiendo, acudiendo a la biblioteca o formando algarabía, y deja a la mente con las ganas de volver cuando todo esté en ebullición y a pleno rendimiento.
Desde la oficina de internacionalización, hasta el hospital universitario, pasando por la biblioteca y la escuela de negocios… todas son instalaciones exquisitamente diseñadas, decoradas, acondicionadas y pertrechadas. Casi siempre que se comparan las instalaciones de una movilidad con las instalaciones que tenemos en España surge una aflicción producto de dicha comparación. En casi todas partes, sea por lo que sea, todo está más cuidado, todo es más nuevo, todo tiene mejores medios, todo está más optimizado y, sensación puede que mía en particular, a todo se le da un mejor y más eficiente uso.
Fuimos caminando a casi todas partes, guiados de manera super profesional y exquisita por nuestras dos fantásticas guías, Sarah y Kelly, comimos en restaurantes de comida americana y en el comedor universitario, dormimos en una enorme residencia de universidad, donde pudimos comprobar de primera mano como es el día a día de un estudiante durante el curso normal, y donde casi se podía ya oír el jaleo que se producirá allí en un mes escaso en una planta baja con sala común con chimenea, sofás, canastas de baloncesto, mesa de billar y futbolín.
El trato por parte de todos los responsables de las diferentes áreas fue fantástico, no sólo hablamos con todo el mundo, es que todo el mundo nos escuchó atentamente, que en la mayoría de las ocasiones es la parte complicada, se notaba interés genuino por lo que teníamos que contar, se notaba admiración por nuestro interés en cómo hacían las cosas allí. Nuestra visita al Reynolds Community College fue genial, para nosotros y para sus responsables. Para nosotros porque al fin y al cabo somos profesores de FP y lo que vimos allí se asemejó mucho a lo que cada uno tenemos en nuestros centros, para ellos, que son el patito feo de la educación en Estados Unidos, porque se mostraban exultantes en que hubiese gente que fuese a visitarlos, gente que mostraba interés por el hermano pobre en términos educativos. Pusieron muchísimo interés en hacernos ver que, incluso siendo FP, estaban en ello por convicción, por mejorar la comunidad, por intentar no dejar a nadie atrás en un sistema educativo que muchas veces peca de elitista, y se mostraron abiertos a cualquier tipo de colaboración futura. Es muy gratificante comprobar que, en mayor o menor medida, la FP o sus equivalentes en diferentes partes del mundo, está estrechamente relacionada con los habitantes de la comunidad, con sus problemas y con sus necesidades laborales.
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Con los días, y poquito a poco, nos fuimos orientado hasta ir conformando un mapa mental de la universidad y de la zona de la ciudad donde se encuentra, pero Richmond es, obviamente, mucho más que una de sus universidades.
Richmond tiene un río, el James River, tiene bosques infinitos que se extienden en torno a la ciudad, lo cual muestra un viajero un atisbo de la inmensidad de los EEUU; tiene edificios históricos como el Jefferson Hotel, en cuyo hall principal hubo alligators hasta casi los años cincuenta porque había acaudalados neoyorkinos que los cazaban en los pantanos de Florida pero que se hartaban de ellos antes de llegar a Nueva York y los dejaban en dicho hotel; tiene una iglesia donde el cuatro de julio, (sí, estuvimos allí el 4 de julio) se conmemoró la segunda convención de Virginia, cuando en 1775 Patrick Henry dejó ver lo que vendría después cuando dijo “give me liberty, or give me death” en esa misma iglesia. Estuvimos en esa representación, con todas las entradas vendidas, y presenciamos la recreación de aquella famosa reunión, entre aplausos, vítores y abucheos que los propios actores pedían al público para dar sensación de realismo. Porque Richmond tiene historia, o toda la historia que puede tener una ciudad perteneciente a un país de escasos doscientos cincuenta años, fue la capital de los estados confederados del sur, con todo lo que ello conlleva cuando hablamos de guerra civil y esclavismo, así que después de presenciar la conmemoración del célebre discurso, visitamos el museo de la guerra civil y presenciamos un concierto y un espectáculo de luces y bandas sonoras para conmemorar la independencia de Inglaterra.
Hay muchas más cosas que hacer en Richmond: el museo de arte es espectacular, con cuadros de Murillo y Hopper, y una gran colección de huevos Fabergé, el de historia americana y el de la guerra civil son muy decentes, y muy bien explicados y organizados, el equipo local de béisbol las flying squirrels (ardillas voladoras) juega sus partidos en un magnífico estadio en las afueras, hay partes de la ciudad muy similares a Camden en Londres, un poco más bohemias, más alternativas, donde se come estupendamente y, aunque lejos, no tan distantes como para no poder ir caminando. Richmond es la capital del estado de Virginia, y sin ser Washington, tiene un gran capitolio en una colina junto a la casa del gobernador, tiene sedes de las principales instituciones del estado y una arquitectura que, a veces, puede resultar imponente, con edificios donde el neoclasicismo con toques art déco se mezclan y provocan en el visitante reminiscencias de Nueva York, Chicago o de ciudades mucho más importantes.
Tampoco hay que olvidar que es una ciudad norteamericana, había poca gente por la calle, mucho tráfico a todas horas casi en todas partes, y gente comiendo a deshoras y, casi siempre, por bastante dinero, comida de no demasiada calidad. Escasas sombras cuando se pasea fuera de la zona universitaria y avenidas anchísimas que no ayudan a dar una sensación de frescor. No se puede tener todo, pero Richmond se acerca bastante a la ciudad soñada de cualquier estudiante que quiera disfrutar de la vida universitaria y extrauniversitaria. Tampoco hay que olvidar que se encuentra situada a escasas dos horas en tren de Washington y a un poquito más de Nueva York, en una zona densamente poblada y llena de industria, empresas y oportunidades laborales.
Si todo funciona, si los contactos que hemos conseguidos se muestran tan dispuestos como en las reuniones que mantuvimos y si la suerte nos acompaña, Richmond se convertirá en un gran destino para nuestros estudiantes en el futuro. Si alguno de esos estudiantes está leyendo esto y se siente atraído por una experiencia de estudios o laboral en EE. UU. de la mano de Sopeña y Erasmus+, no dudéis en consultarnos y en presentaros al proceso de selección Erasmus+. Podría ser la primera gran experiencia de la vida de cualquiera.
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